Grana Cochinilla

 

En mi casa hay un nopal «verdura» del cual cortamos pencas casi cada domingo para comer. Tiene ya muchos años y es como un gran árbol con un tronco macizo y grueso. Cada primavera florea y da un par de tunas amarillas que a veces los pájaros se comen antes de que nosotros podamos cosecharlas.

Mi papá, que se encarga en la mayor parte de cuidar el jardín, solía lavarlo a manguerazos con agua y jabón que porque se estaba llenando de plaga. Esa curiosa plaga pintaba las manos de rojo cuando la aplastabas y un día cuando le enseñé una foto a una prima me dijo: ¡Es cochinilla!

 

Así supe que esa plaga era más bien un tesoro; un curioso animalito que se ha usado para teñir textiles por siglos, y que al parecer su uso está resurgiendo cada vez que más personas prefieren colorantes naturales y orgánicos.

Ni tarda ni perezosa me puse a buscar en internet toda la información que pude, y aunque tenía pensado usarlo en textiles, al final decidí usarlo mejor para pintar. A continuación les narro mi historia con la grana cochinilla. La gente que ya sabe como usarla pensará que hice un montón de cosas mal, y (ojalá) al menos se puedan reír de mi ignorancia. Todo lo que narro aquí lo hice lo mejor que pude con la información que encontré y con los medios disponibles. Seguro que hay mejores formas de cosechar la grana, formas más delicadas de tratar a este animalito y formas más eficientes de conseguir el pigmento. Por favor, déjenme sus comentarios aquí abajo, yo estoy ansiosa por aprender más sobre este tema, y estoy segura que algunos otros lectores también encontrarán esta información útil.

Recolección y Secado

Mi imaginación empezó a volar pensando en todos los grandes proyectos que podría hacer con el pigmento rojo carmín. Es tan versátil que la grana se usa no solo en textiles o en el arte, también en la industria cosmética y alimenticia. Tal vez su lápiz labial tiene cochinilla, y seguramente esos pasteles «red velvet» también, (a menos que estén etiquetados como veganos).

Para juntar la cochinilla me armé de un pincel y un me subí a una escalera para raspar tanta como pudiera. Al principio no hice mucha distinción y terminé con un plato lleno… ¡pero de larvas y pelusa!

La cochinilla silvestre tiene una cubierta más espesa de pelusa blanca que la cochinilla domesticada. Esta pelusa la protege de los depredadores y es muy difícil de quitar a mano.

Lo que yo realmente tenía que recolectar eran las hembras maduras, que son muy parecidas a las cochinillas negras que hay en la tierra, solo que son más bien transparentes. En el plato que llené había apenas unas cuantas. Como dejé el plato en el Sol algunas se escaparon (!), otras se las comieron los lagartijos, y tal vez también los pájaros que se dieron cuenta de mi error porque no recuperé mas que una cuantas.

En mi segunda expedición al nopal, me concentré en solo recolectar  las cochinillas adultas y dejar a las larvas en paz. Tenía que retirarlas con mucho cuidado para no aplastarlas, y otra vez perdí algunas que se cayeron al suelo y no las pude encontrar. Esta vez las puse a secar al Sol adentro de un frasquito delgado y alto, pensando que así no escaparían (ja ja ja). Al cabo de varios días apenas tenía una docena de cochinillas secas. Las guardé por un tiempo en lo que decidía que hacer con ellas.

Preparación del pigmento

Tuvieron que pasar los días de Navidad y año nuevo para que retomara este proyecto. El frasco seguía en la cocina esperándome, en el anaquel de las especias. Hace apenas una semana fui a abrirlo y me encontré con que dos de esas cochinillas que yo pensaba estaban completamente secas se transformaron en moscos… que se murieron adentro del frasco.

Luego me enteré que los habitantes del altiplano mexicano tenían un método más eficaz para procesar la cochinilla y asegurarse de que estuviera bien muerta: Primero, la sacudían del nopal con una colita de venado y luego la hechaban en agua caliente, igual que a las langostas. Para secarla, podían ponerla al Sol o meterla al temazcal. Ya que está bien seca y dura como grava la molían en un metate.

Yo no tengo una colita de venado ni tengo un metate, pero lo que si tengo es un mortero diminuto de barro que mi mamá hizo un día para entretener a sus nietos. Es apenas más grande que una moneda de 10 pesos, y fue lo que usé para moler las pocas cochinillas que me quedaron. Tenía que hacerlo con mucho cuidado para no tirar nada. Y el polvo no quedó muy fino, con pedazos enteros aquí y allá. Separé el polvito en tres platos de vidrio y les puse agua caliente para que se soltara el color. 

 

Colores

Ahhh la química. Esa ciencia que parece magia cuando vez como se transforman las cosas frente a tus ojos. Los antiguos pintores de Tenochtitlan conocían muy bien como hacer esas transformaciones del color a partir del polvo de cochinilla. En los códices del siglo XV y XVI se ha encontrado que utilizaban una amplia gama de tonos con base en la cochinilla: Rosa, rojo brillante, morado, café y hasta gris. La cochinilla reacciona al ph del medio, y dependiendo de la acidez o la alcalinidad de la sustancia con la que se mezcla, se pueden variar los tonos. Así podemos mezclar la cochinilla con sales (medios alcalinos) como bicarbonato de sodio, alumbre, ceniza, arcillas, o con ácidos como el jugo de limón, el vinagre, etc. Yo hubiera querido hacer miles de experimentos pero mejor solo hice lo más simple. Dejé una muestra como control y no le agregué nada. A la segunda le agregué jugo de limón y obtuve un anaranjado brillante. A la tercera le agregué bicarbonato y obtuve un morado bastante oscuro y opaco.

Ya tengo tres colores, y sorprendentemente me rindieron para hacer tres trabajos de 9 x 12 pulgadas. Si hay algo que me encanta de la acuarela es su transparencia y la variedad de tonos que uno de por si puede encontrar diluyendo más o menos el pigmento, lo que permite hacer trabajos monocromáticos.

Antes de terminar quiero hacer varias observaciones: La mezcla con limón tendía a hacerse un poco café, creo que era cuando tocaba las partes alcalinas o se secaba en las orillas. También intenté mezclar un poco con vinagre pero siento que se hizo café y no vi mucha diferencia con la mezcla de control. La mezcla que me encantó fue la de bicarbonato. Con ella pinté unos nopales Nocheztli 1 y Nocheztli 2, y me dio tonos magentas y rosas que me encantaron. Nocheztli es el nombre nahuatl de este animalito y significa "sangre de nopal".

Como nota final quiero aclarar que la cochinilla domesticada, o la grana fina, tiene un color distinto. Es criada principalmente en varios lugares de Oaxaca y requiere de muchos cuidados, amor y paciencia. De hecho hay un museo al que me gustaría mucho ir que se llama Nocheztlicalli, y están haciendo una labor admirable en conservar este conocimiento que tiene cientos, si no es que miles de años. Sobra decir que los pigmentos orgánicos son mil veces mejores que los artificiales, no solo para el medio ambiente sino también para la salud de las personas. Criar la cochinilla de la forma en que lo hacen estas familias y estas comunidades principalmente indígenas, les da un sustento y mantiene el ecosistema de la nopalera sana, para las futuras generaciones.

La pintura del Corazón la hice a partir de un dibujo que tenía en mi diario desde hace muchos años. El original está a la venta y es una pieza muy personal. Si estás interesado en adquirirla puedes contactarme por medio de este enlace para ponernos de acuerdo y hacer una videollamada o una reunión personal (cuando sea posible) para que puedas ver la pintura con más detalle.

 

Referencias

"Memoria Sobre la Naturaleza, cultivo y beneficio de la grana", José Antonio de Alzate y Ramírez, 1777, Archivo General De la Nación.

Kristha Garza Pimentel, "Tributo, tintura y sustento: la riqueza de la grana cochinilla", Mexico, Blog APAMI

DOMENICI, Davide, Chiara Grazia, David Buti, Aldo Romani, Constanza Miliani y Antonio Smagellotti, "La grana cochinilla en la pintura de códices prehispánicos y coloniales", Secretaría de Cultura, Museo del Palacio de Bellas Artes, México, 2017.